Ayer estuve en la Iglesia Parroquial de Santa Teresa, de nuestra ciudad. Allí asistí a la fiesta que los P.P. Redentoristas celebraron, en unión de aquella comunidad parroquial. Fue una Celebración Eucarística, en honor de la Virgen del Perpetuo Socorro, tan bonita y fervorosa que será difícil de olvidar.
Tuvo una duración de hora y media, pero se me antojó corta, teniendo en cuenta la belleza y la riqueza que ofreció. Una fiesta religiosa, en que estuvieron presentes, sin duda con gran relieve, la fe y la cultura, pues ambas rayaron a un alto nivel.
Participó en la fiesta un nutrido grupo, excepcional representación de nuestro folklore, con su inevitable tamborilero, que nos ofreció sin duda lo mejor que llevaba dentro y que hizo las delicias de los que allí estábamos.
Se bailaron varios bailes charros, con finura y buen ritmo, que realzaron altamente el acto religioso. Fue una forma de vivir la fe y la cultura al unísono, porque ambas, hermanadas, se manifestaban juntas
Yo quiero felicitar a aquella comunidad, especialmente a los protagonistas de la fiesta, porque nos ofrecieron a los que nos unimos a ella, una fervorosa Eucaristía y una rica y entrañable fiesta cultural.
También se hizo una ofrenda generosa de los más variados frutos de nuestra tierra, armonizada por las cadencias de nuestra gaita. Y se dejó sentir el acento andaluz, en la interpretación de la Salve Rociera, que estuvo acompañada de palmas y demás ingredientes propios del caso.
Yo me siento movido a aplaudir el gesto de introducir en la liturgia lo mejor de nuestra cultura, que son sus raíces, porque pienso que el hombre es tan deudor a su Creador, que en el momento de hacer su ofrenda, será laudable que se dé a El con todo lo que es y con todo lo que tiene.
Finalmente se sacó en procesión un icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, por las calles adyacentes, al que siguió un verdadero gentío.
Se prolongó la fiesta con una sangría, que puso en movimiento los bailes charros, nuevamente, con su peculiaridad, en los que destacaba el tamborilero, artífice de aquella charrada.
En definitiva, una exaltación a la fe y la cultura, que han recorrido el camino de la historia, coqueteando la una con la otra.
Mostrando entradas con la etiqueta Artículos de prensa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artículos de prensa. Mostrar todas las entradas
martes, 30 de enero de 2007
La tragedia de Biescas
Todavía resuena en nuestros oídos la terrible noticia. Aún está abierta la conmoción que trajo a nuestro ánimo, pues en verdad que la dimensión de la catástrofe ha sido aterradora.
Por eso el triste acontecimiento mueve a una profunda reflexión.
La experiencia mía a cerca de esta tragedia y de otras que he conocido a lo largo de mi vida, es que surge del corazón un sentimiento de conmiseración y solidaridad hacia las víctimas. Después te preguntas; ¿qué puedo yo hacer en este caso, desde la distancia? Y la respuesta es que, realmente nada, o casi nada. Entonces descubres tu debilidad e impotencia.
¡El hombre, que está llamado a dominar la tierra, se siente pequeño e impotente ante un fenómeno semejante de la Naturaleza!.Ciertamente que ella, ya nos tiene acostumbrados a esos exabruptos. Por eso es aconsejable, tener cimentada la vida en roca firme, para mantener la serenidad. Porque, ¿qué puedes hacer en estos casos, si es que no han podido prevenirse ni se puede evitar? Solo rezar por los que han muerto y por los que sienten el vacío de los que se han ido.
Por eso importa mucho estar abiertos a las necesidades de nuestros semejantes, compartir con los demás nuestra vida y ser solidarios con todos, en la medida de nuestras fuerzas, mientras vivimos. A esto nos exhortan estas grandes tragedias, pues el hombre es consciente de que el número de sus días está señalado en el libro de la vida. Yo, que soy rico en años, estoy considerando cómo durante mi infancia la gente moría, habitualmente en su propia cama; ahora muere en la carretera, por accidente de tráfico, o laboral, o por alguna de las muchas violencias de toda índole que nos asaltan.
Por eso el triste acontecimiento mueve a una profunda reflexión.
La experiencia mía a cerca de esta tragedia y de otras que he conocido a lo largo de mi vida, es que surge del corazón un sentimiento de conmiseración y solidaridad hacia las víctimas. Después te preguntas; ¿qué puedo yo hacer en este caso, desde la distancia? Y la respuesta es que, realmente nada, o casi nada. Entonces descubres tu debilidad e impotencia.
¡El hombre, que está llamado a dominar la tierra, se siente pequeño e impotente ante un fenómeno semejante de la Naturaleza!.Ciertamente que ella, ya nos tiene acostumbrados a esos exabruptos. Por eso es aconsejable, tener cimentada la vida en roca firme, para mantener la serenidad. Porque, ¿qué puedes hacer en estos casos, si es que no han podido prevenirse ni se puede evitar? Solo rezar por los que han muerto y por los que sienten el vacío de los que se han ido.
Por eso importa mucho estar abiertos a las necesidades de nuestros semejantes, compartir con los demás nuestra vida y ser solidarios con todos, en la medida de nuestras fuerzas, mientras vivimos. A esto nos exhortan estas grandes tragedias, pues el hombre es consciente de que el número de sus días está señalado en el libro de la vida. Yo, que soy rico en años, estoy considerando cómo durante mi infancia la gente moría, habitualmente en su propia cama; ahora muere en la carretera, por accidente de tráfico, o laboral, o por alguna de las muchas violencias de toda índole que nos asaltan.
La voz del Bautista
La voz del Bautista, cuya fiesta celebramos estos días, resuena siempre en el corazón del hombre, porque trae para él un mensaje de salvación. Toda su vida es un testimonio valiente de su condición de profeta y precursor. Isaías dirá de él:"Voz que clama en el desierto: preparar el camino al Señor" .Pues bien, este clamor, viene resonando, a lo largo de dos milenios, en el desierto de la vida de cada hombre, con estas palabras: "Convertíos, porque ha llegado el reino de Dios". Es una voz que llama a todos los hombres a renovar su vida, y a descubrir ese reino en su interior. En esa voz se encuentra el deseo de solidaridad, tolerancia, aceptación y acogida, que el hombre ha de trasformar en realidad.
Juan, como buen profeta, conocía el corazón humano; por eso ponían toda su vehemencia cuando anunciaba al pueblo sencillo el reino de Dios, que es el reino de la inmortalidad. Como así mismo, hostigaba a los fariseos, que por su autosuficiencia rechazaban ese reino de la Vida: "Raza de víboras, ¡quién os librará de la ira inminente!", les conminaba.
El Bautista muestra una imagen pavorosa, cuando anuncia que está el hacha, sobre la raíz de los árboles, que no dan frutos buenos, para cortarlos y arrojarlos al fuego.
Por eso ofrece a todos un bautismo de conversión, para que se puedan acercar a Aquel que tiene la plenitud del amor, y que da una vida nueva con su Espíritu renovador.
Juan el Bautista, prepara el camino al Salvador. Un camino de alegría que nos acerca y comunica con los demás hombres del universo mundo. Predica un bautismo de salvación para el perdón de los pecados: Es decir, la liberación de toda esclavitud.
Siempre obra desde la humildad, reconociendo que hay otro más fuerte y digno que él, al que no merece ni acercarse a la correa de sus sandalias.
Juan es el hombre del desierto que representa la austeridad y la integridad. Se alimenta y se viste de lo que le da la tierra, y su cuerpo parece estar hecho de raíces.
La voz del Bautista es un clamor para los cristianos que quiere ayudarles a descubrir en lo más hondo de su vida, su fe en el Hijo de Dios.
Juan, como buen profeta, conocía el corazón humano; por eso ponían toda su vehemencia cuando anunciaba al pueblo sencillo el reino de Dios, que es el reino de la inmortalidad. Como así mismo, hostigaba a los fariseos, que por su autosuficiencia rechazaban ese reino de la Vida: "Raza de víboras, ¡quién os librará de la ira inminente!", les conminaba.
El Bautista muestra una imagen pavorosa, cuando anuncia que está el hacha, sobre la raíz de los árboles, que no dan frutos buenos, para cortarlos y arrojarlos al fuego.
Por eso ofrece a todos un bautismo de conversión, para que se puedan acercar a Aquel que tiene la plenitud del amor, y que da una vida nueva con su Espíritu renovador.
Juan el Bautista, prepara el camino al Salvador. Un camino de alegría que nos acerca y comunica con los demás hombres del universo mundo. Predica un bautismo de salvación para el perdón de los pecados: Es decir, la liberación de toda esclavitud.
Siempre obra desde la humildad, reconociendo que hay otro más fuerte y digno que él, al que no merece ni acercarse a la correa de sus sandalias.
Juan es el hombre del desierto que representa la austeridad y la integridad. Se alimenta y se viste de lo que le da la tierra, y su cuerpo parece estar hecho de raíces.
La voz del Bautista es un clamor para los cristianos que quiere ayudarles a descubrir en lo más hondo de su vida, su fe en el Hijo de Dios.
Las tertulias
Estamos viviendo unos tiempos en los que proliferan las tertulias. A todos los niveles y de todos los colores, los grupos de tertulianos abundan en España. Yo mismo formo parte de una tertulia, en nuestra incomparable Salamanca, estando convencido de que hay mucho de positivo en ella.
Pienso que una tertulia tiene mucho de escuela que prepara para la convivencia. En ella se pueden aprender muchas cosas. Pero, para que esto se dé, lo primero que hace falta es una buena materia prima, o sea: tertulianos respetuosos, y un moderador inteligente, que responda a la condición real que lo define: es decir, que sepa transmitir a la tertulia la moderación, y conducirla con una mano suave, pero firme, y, a ser posible, sin perder nunca la calma ni la amabilidad.
Decía que se aprenden muchas cosas en una tertulia. Una de las más importantes, es la de saber escuchar. La escucha se hace en silencio, con los oídos del corazón abiertos al que habla. Normalmente, a todos los hombres y mujeres nos domina el afán de protagonismo, pues es algo innato en la persona humana, que está instalado en nuestro ego y que a todos nos gusta que sea valorado, estimado y admirado, o sea, que a todos nos gusta hablar y que se nos escuche. Y yo sé, que en la tertulia también se aprende a dominar esa tendencia, dejando que hablen los demás.
Toda tertulia responde a una necesidad de comunicarse las personas, por medio de la palabra hablada, para enriquecimiento del espíritu personal y colectivo. Esta comunicación ayuda al ejercicio de la palabra escrita; y doy fe de ello, porque la cultivo, como aquí es evidente.
El moderador de una tertulia, es un poco el alma y el hilo conductor de lo que allí acontece; es el que orienta, corrige, anima, conduce y recoge cuanto hay de enriquecedor en el grupo.
Mi tertulia, no voy a exagerar diciendo que es modélica, porque yo pienso que no hay nada perfecto, como dijera EL PRINCIPITO, en su diálogo con el zorro, pero estoy convencido de que tiene muchas virtudes, y a mí me gustaría cantar sus excelencias. En ella, nadie molesta a nadie, al menos queriendo. Todos nos escuchamos. Nos respetamos. Hablamos con moderación. Pedirnos la palabra, levantando el brazo. Nadie grita.Cada uno se muestra como es, y yo creo que todos somos, más o menos solidarios. Estas pequeñas buenas cualidades, que yo creo no son tan pequeñas, son las que definen mi tertulia.
Quisiera dedicar unas palabras de afecto al moderador de mi tertulia, que bien pudieran ser de felicitación por su conducta hacia los tertulianos, pues sus palabras y su ejemplo nos edifican a todos. El nos ha mostrado cómo hemos de ser tolerantes y solidarios, hablando y dejando hablar a los demás, cualidades que por otra parte nos pide a todos la convivencia humana.
Recientemente, he escuchado algunas tertulias radiofónicas, que se emiten desde la capital de España. Alguna de ellas era un verdadero torbellino de voces. Los tertulianos querían intervenir todos a la vez; sus palabras eran altisonantes y se atropellaban de tal manera, que aquello parecía la guerra; o, si queréis, un gallinero. No había manera de entender nada. Yo lo escuchaba horrorizado, mientras me iba con la mente a mi tertulia, que me parecía un camino normalito, un árbol de apacible y gratificante sombra.
Y me preguntaba: ¿pero es que a estas alturas del siglo XX, hay tertulianos que aun no han aprendido a serlo? O, ¿es que es tan difícil dejar hablar?....¡Que los están oyendo en toda España y quizá desde fuera de ella!
Las tertulias, como todo colectivo, tienen la posibilidad de edificar o de destruir.
Pienso que una tertulia tiene mucho de escuela que prepara para la convivencia. En ella se pueden aprender muchas cosas. Pero, para que esto se dé, lo primero que hace falta es una buena materia prima, o sea: tertulianos respetuosos, y un moderador inteligente, que responda a la condición real que lo define: es decir, que sepa transmitir a la tertulia la moderación, y conducirla con una mano suave, pero firme, y, a ser posible, sin perder nunca la calma ni la amabilidad.
Decía que se aprenden muchas cosas en una tertulia. Una de las más importantes, es la de saber escuchar. La escucha se hace en silencio, con los oídos del corazón abiertos al que habla. Normalmente, a todos los hombres y mujeres nos domina el afán de protagonismo, pues es algo innato en la persona humana, que está instalado en nuestro ego y que a todos nos gusta que sea valorado, estimado y admirado, o sea, que a todos nos gusta hablar y que se nos escuche. Y yo sé, que en la tertulia también se aprende a dominar esa tendencia, dejando que hablen los demás.
Toda tertulia responde a una necesidad de comunicarse las personas, por medio de la palabra hablada, para enriquecimiento del espíritu personal y colectivo. Esta comunicación ayuda al ejercicio de la palabra escrita; y doy fe de ello, porque la cultivo, como aquí es evidente.
El moderador de una tertulia, es un poco el alma y el hilo conductor de lo que allí acontece; es el que orienta, corrige, anima, conduce y recoge cuanto hay de enriquecedor en el grupo.
Mi tertulia, no voy a exagerar diciendo que es modélica, porque yo pienso que no hay nada perfecto, como dijera EL PRINCIPITO, en su diálogo con el zorro, pero estoy convencido de que tiene muchas virtudes, y a mí me gustaría cantar sus excelencias. En ella, nadie molesta a nadie, al menos queriendo. Todos nos escuchamos. Nos respetamos. Hablamos con moderación. Pedirnos la palabra, levantando el brazo. Nadie grita.Cada uno se muestra como es, y yo creo que todos somos, más o menos solidarios. Estas pequeñas buenas cualidades, que yo creo no son tan pequeñas, son las que definen mi tertulia.
Quisiera dedicar unas palabras de afecto al moderador de mi tertulia, que bien pudieran ser de felicitación por su conducta hacia los tertulianos, pues sus palabras y su ejemplo nos edifican a todos. El nos ha mostrado cómo hemos de ser tolerantes y solidarios, hablando y dejando hablar a los demás, cualidades que por otra parte nos pide a todos la convivencia humana.
Recientemente, he escuchado algunas tertulias radiofónicas, que se emiten desde la capital de España. Alguna de ellas era un verdadero torbellino de voces. Los tertulianos querían intervenir todos a la vez; sus palabras eran altisonantes y se atropellaban de tal manera, que aquello parecía la guerra; o, si queréis, un gallinero. No había manera de entender nada. Yo lo escuchaba horrorizado, mientras me iba con la mente a mi tertulia, que me parecía un camino normalito, un árbol de apacible y gratificante sombra.
Y me preguntaba: ¿pero es que a estas alturas del siglo XX, hay tertulianos que aun no han aprendido a serlo? O, ¿es que es tan difícil dejar hablar?....¡Que los están oyendo en toda España y quizá desde fuera de ella!
Las tertulias, como todo colectivo, tienen la posibilidad de edificar o de destruir.
Una experiencia singular
Una de las cosas que yo aprendí en mi juventud fue el jugar al ajedrez. Me atraía tanto este juego que corría hacia él tan pronto podía. Porque me parecía que había descubierto en él un mundo nuevo. ¡Tan fantástico, tan cerebral, tan del pensamiento como era! ¡Yo que venía del medio rural: un pueblo perdido por el mapa! Sin embargo, ya entonces me entusiasmaba ejercitar mi pensamiento en este juego tan concentrado.
El ajedrez es un deporte de mesa muy absorbente y posesivo, y quiere todo el tiempo para él, y toda la persona. Esto lo descubrí yo en Madrid cuando me abría a la vida y preparaba mi futuro. Por eso lo dejé; porque necesitaba todo el tiempo para lo esencial de mis aspiraciones.
He de reconocer que nunca fui sobresaliente en este maravilloso y selecto juego, pero tenía gran capacidad de resistencia y tenacidad para no entregarme fácilmente al enemigo. Creo que se me podía considerar como un jugador normal, ni bueno ni malo.
Como digo, me alejé de él y a lo largo de mi vida lo he tenido olvidado. Pero el que rige el destino de los hombres, a veces nos depara experiencias singulares y emotivas. Una de ellas la he vivido yo en estos días. Seguro que ya estáis impacientes porque os la cuente. Pues,¡allá va! ¡Que he tenido un reencuentro maravilloso con el ajedrez, ahora, después de más de cuarenta años de no tocarlo, y cuando menos pensaba en ello.
Esta situación ha surgido cuando he conocido en Salamanca al poeta chileno, don Luis Gustavo Acuña, residente en Alemania hace más de treinta años, con edad parecida a la mía, que ofrecerá a los salmantinos, en el Aula Cultural de la caja Salamanca y Soria, un recital poético musical y la presentación del libro "Páginas Olvidadas", por José Miguel Santolaya Silva.
Una de estas tardes, mientras conversábamos al amor de una terraza y nos contábamos las cuitas de nuestra vida, actividades y proyectos, él amablemente me invitaba a jugar una partida de ajedrez, y me recomendaba que lo practicara, porque era muy conveniente para los que hemos rebasado los setenta.
Yo, que como os decía antes, tengo el hábito de ejercitar el pensamiento, accedí a la invitación, celebrándose la partida en la Cafetería Harmoni de la Plaza de Carmelitas, y no quiero callar que perdió él porque me dijo cómo podía ganar yo. Y como me gusta ver volver a los amigos, emplazo a don Luis para otra partida en su próximo viaje a España. ¡Me entrenaré!.
El ajedrez es un deporte de mesa muy absorbente y posesivo, y quiere todo el tiempo para él, y toda la persona. Esto lo descubrí yo en Madrid cuando me abría a la vida y preparaba mi futuro. Por eso lo dejé; porque necesitaba todo el tiempo para lo esencial de mis aspiraciones.
He de reconocer que nunca fui sobresaliente en este maravilloso y selecto juego, pero tenía gran capacidad de resistencia y tenacidad para no entregarme fácilmente al enemigo. Creo que se me podía considerar como un jugador normal, ni bueno ni malo.
Como digo, me alejé de él y a lo largo de mi vida lo he tenido olvidado. Pero el que rige el destino de los hombres, a veces nos depara experiencias singulares y emotivas. Una de ellas la he vivido yo en estos días. Seguro que ya estáis impacientes porque os la cuente. Pues,¡allá va! ¡Que he tenido un reencuentro maravilloso con el ajedrez, ahora, después de más de cuarenta años de no tocarlo, y cuando menos pensaba en ello.
Esta situación ha surgido cuando he conocido en Salamanca al poeta chileno, don Luis Gustavo Acuña, residente en Alemania hace más de treinta años, con edad parecida a la mía, que ofrecerá a los salmantinos, en el Aula Cultural de la caja Salamanca y Soria, un recital poético musical y la presentación del libro "Páginas Olvidadas", por José Miguel Santolaya Silva.
Una de estas tardes, mientras conversábamos al amor de una terraza y nos contábamos las cuitas de nuestra vida, actividades y proyectos, él amablemente me invitaba a jugar una partida de ajedrez, y me recomendaba que lo practicara, porque era muy conveniente para los que hemos rebasado los setenta.
Yo, que como os decía antes, tengo el hábito de ejercitar el pensamiento, accedí a la invitación, celebrándose la partida en la Cafetería Harmoni de la Plaza de Carmelitas, y no quiero callar que perdió él porque me dijo cómo podía ganar yo. Y como me gusta ver volver a los amigos, emplazo a don Luis para otra partida en su próximo viaje a España. ¡Me entrenaré!.
Año nuevo (2)
"Año nuevo que naces como niño pequeño, y vienes a la vida alegre y bullanguero yo sé, tierno retoño, que pronto serás viejo".
I. M.
Cada año que nace, trae a nuestra vida resonancias de futuras vivencias. Ellos vienen y se van como las alegrías y las penas.
El Nuevo Año siempre llega a nosotros lleno de inquietudes y de incertidumbres. Porque,¡cuántas y cuales serán las sorpresas que nos tendrá reservadas el devenir de sus días!.
El Año Nuevo siempre mueve a reflexión, para descubrir los errores cometidos en el año anterior, y prevenirlos en el venidero. Porque siempre se puede mejorar la vida; y no solamente la propia, sino también la del entorno, la de los demás, porque ellos quieren compartirla con nosotros. La vida, llama, cada momento, a una solidaridad generosa. Y es una llamada que debe implicar a todo hombre.
Los años dan la medida del tiempo en la vida del hombre, y le van mostrando las vicisitudes de su historia terrena y temporal. Ellos comparten con nosotros las primaveras, los veranos, los otoños y los inviernos que vivimos en nuestro interior.
Los años, que nacen nuevos y mueren viejos, son los espacios que el hombre puede vivir, durante el tiempo que le concede el Autor de la Vida. Pero cuando se acaba el plazo de esta peregrinación, porque llegamos a la meta de la recta final, entonces los años se desvanecen "el mar de lo eterno.
Urge sembrar el bien en el camino que recorremos cada día del año, desde la salida del sol hasta su ocaso, con la mente, el corazón y las manos abiertos para todos los que nos sigan: ricos o pobres, inteligentes o ignorantes, grandes o pequeños, pero al fin, personas del mismo barro que nosotros. Los que venga detrás, recogerán gozosos el fruto de la bondad que nosotros quisimos derramar en la vida, para que ellos puedan gustarla.
Este Año Nuevo que estamos viviéndolos mueve a todos a felicitarnos los unos a los otros, pero yo pienso que la mejor felicidad, y es lo que deseo para todos, es que nos sintamos con un corazón nuevo, libre, valiente, que sea capaz de amar y perdonar siempre, todo y a todos. Esto es lo que pide todo corazón humano.
I. M.
Cada año que nace, trae a nuestra vida resonancias de futuras vivencias. Ellos vienen y se van como las alegrías y las penas.
El Nuevo Año siempre llega a nosotros lleno de inquietudes y de incertidumbres. Porque,¡cuántas y cuales serán las sorpresas que nos tendrá reservadas el devenir de sus días!.
El Año Nuevo siempre mueve a reflexión, para descubrir los errores cometidos en el año anterior, y prevenirlos en el venidero. Porque siempre se puede mejorar la vida; y no solamente la propia, sino también la del entorno, la de los demás, porque ellos quieren compartirla con nosotros. La vida, llama, cada momento, a una solidaridad generosa. Y es una llamada que debe implicar a todo hombre.
Los años dan la medida del tiempo en la vida del hombre, y le van mostrando las vicisitudes de su historia terrena y temporal. Ellos comparten con nosotros las primaveras, los veranos, los otoños y los inviernos que vivimos en nuestro interior.
Los años, que nacen nuevos y mueren viejos, son los espacios que el hombre puede vivir, durante el tiempo que le concede el Autor de la Vida. Pero cuando se acaba el plazo de esta peregrinación, porque llegamos a la meta de la recta final, entonces los años se desvanecen "el mar de lo eterno.
Urge sembrar el bien en el camino que recorremos cada día del año, desde la salida del sol hasta su ocaso, con la mente, el corazón y las manos abiertos para todos los que nos sigan: ricos o pobres, inteligentes o ignorantes, grandes o pequeños, pero al fin, personas del mismo barro que nosotros. Los que venga detrás, recogerán gozosos el fruto de la bondad que nosotros quisimos derramar en la vida, para que ellos puedan gustarla.
Este Año Nuevo que estamos viviéndolos mueve a todos a felicitarnos los unos a los otros, pero yo pienso que la mejor felicidad, y es lo que deseo para todos, es que nos sintamos con un corazón nuevo, libre, valiente, que sea capaz de amar y perdonar siempre, todo y a todos. Esto es lo que pide todo corazón humano.
Apoteosis teresiana
Estamos viviendo un momento de exaltación teresiana. En Alba de Tormes han brillado las fiestas en honor de Teresa de Jesús; Juan Pablo II termina de declarar Doctora de la Iglesia a Teresa de Lisieux, y hace pocos días, tuvo lugar el tránsito definitivo, con aureola de santidad de Teresa de Calcuta.
Tres estrellas que brillan con luz propia en el firmamento de la Iglesia Universal, y bellas flores del jardín carmelitano.
Me propongo solamente hacer un breve apunte, acerca de cada una de estas tres Teresas, que han vivido diferentes momentos históricos, y alcanzado las más altas cimas de la santidad, por caminos diferentes.
Teresa de Jesús, cuya grandeza viene definida por su vida y por sus obras, significa un hito glorioso en la historia de España y de la Iglesia universal, así como en las ciudades en que nació y murió.
Andariega de los caminos de Castilla y de Andalucía en la siembra de "palomarcitos" carmelitanos, para la reforma de su Orden, nació en Avila el 28 de Marzo de 1515, y murió en Alba de Tormes el 15 de Octubre de 1582.
Hija de padres de ascendencia judía, pasó la mayor parte de su vida fundando conventos de la Orden Carmelita Descalza, buscando la autenticidad en la fe, la esperanza y el amor en Jesús de Teresa, al que entregó su propia vida.
Durante su recorrido entre Avila y Alba de Tormes, tuvo tiempo para hacer numerosas Fundaciones, en las que hoy, después de siglos de historia se mantiene con toda su frescura y vitalidad el espíritu de esta mujer excepcional, como también escribir incontables páginas y libros de espiritualidad.
Entre ellos destacan, "Libro de la Vida", "Camino de Perfección, "Meditaciones sobre los Cantares, "Moradas del Castillo Interior, "Cuentas de Conciencia", "Exclamaciones",
"Poesías", "Libro de las Fundaciones, "Constituciones", "Visita de Descalzas" y "Avisos.
Además nos ha dejado un "Epistolario" de 468 cartas a otros tantos destinatarios, desbordantes de sabiduría y espiritualidad.
Devota ferviente de la Familia Trinitaria y de la Sagrada Familia, nos dejó trazado un camino humano divinizado, que ella siguió con una vocación integral.
Tampoco hemos de silenciar lo esencial de su vida: la propia santificación, y el mensaje de amor que ha dejado para futuras generaciones.
A continuación cito algunas estrofas aisladas de sus poesías líricas, que serán para el lector como exquisitos bombones de espiritualidad.
"Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero
que muero
porque no muero"
"Yo toda me entregué y di y de tal suerte he trocado que mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado"
"Cruz, descanso sabroso de mi vida, Vos seáis la bienvenida"
Teresa de Lisieux, o Teresa del Niño Jesús, como se quiso llamar, hizo suya la infancia de Jesús, se identificó con su condición de Niño y quiso sentirse niña como El.
Le entusiasmaba la idea de ser ella para Jesús un juguete de los más baratitos, con el que el Niño Dios se encontrara feliz. Al nacer recibió el nombre de Teresa Martín, cuyo apellido recuerda raíces hispanas.
Esta Teresa, vive una vida de sufrimientos, venidos de la penosa enfermedad de su padre y de la gran austeridad del monasterio. Recorrió un camino pequeño y doloroso: pequeño, porque fue corta su vida, pues murió a los 24 años; y doloroso, por las grandes pruebas que hubo de soportar.
Escribió "La historia de un alma", autobiografía en la que se manifiestan sus experiencias místicas y se muestra su profunda espiritualidad.
Decía que no era lo más importante el hacer cosas grandes, sino en poner, en las pequeñas, un amor grande. Trataba de vivir su vida cotidiana con toda humildad, gustando y compartiendo el amor de Dios con los demás.
Su vocación era el amor. Afirmaba: " en el corazón del cuerpo de la Iglesia, yo seré el amor".
A los 23 años enferma de tuberculosis, lo que convirtió el camino de su vida en un verdadero viacrucis. Sin embargo, ella quería vivir con alegría, el abandono del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre, de quien lo espera todo.
Cuando le preguntaban si aceptaba sus dolores, contestaba: "me gusta todo lo que Dios hace". Y obre su muerte decía que cuando, cansada de caminar, llegara al final de su vida, descansaría en los brazos de Dios.
En fin, una vida corta, purificada por los sufrimientos y sublimada por el amor.
Vivió el más profundo deseo de que la Palabra y el Amor de Dios llegase a todos los hombres de todos los lugares, por lo que fue nombrada Patrona de las misiones.
En este año en el que se cumplía el primer centenario de su muerte, y en el mismo día del Domund, el Papa Juan Pablo II la ha proclamado Doctora de la Iglesia.
Teresa de Calcuta, conocida en el mundo entero como la madre de los pobres, por los que cada día entregaba su vida, cargando con todas las carencias de los hombres que se encontraba en su camino. Conviene aclarar que los pobres para la Madre Teresa era todas las personas que sufrían por cualquier motivo.
"Los pobres son maravillosos; poseen una extraordinaria generosidad; nos dan mucho más de lo que nosotros les damos a ellos": eran sus palabras.
Y sigue su discurso: " la desdicha de los pobres, no es sólo la carencia de cosas materiales, sino sus heridas espirituales".
Es evidente que hay muchas clases de pobreza: todos somos pobres en algo. Cada hombre tiene sus carencias.
La Madre Teresa vivía la preocupación por la redención de los pobres: "sólo unidos, podemos redimirlos". Y quería satisfacer sus hambres, llegando a sentir lo que ellos sentían, haciendo suya el hambre de ellos.
Decía:" los pobres son el mismo Cristo. ¿Compartiremos con los pobres, como Jesús comparte con nosotros?.
En su pensamiento espiritual se puede leer: "sentirse felices con Dios en este mundo supone algunas cosas: amar como El ama; ayudar como El ayuda; dar como da El; salvar como El salva; permanecer siempre en su presencia, experimentando su contacto en los pobres y en las personas que sufren".
Teresa de Calcuta: camino de amor y generosidad, abierto en el mundo en este final del segundo milenio.
Tres estrellas que brillan con luz propia en el firmamento de la Iglesia Universal, y bellas flores del jardín carmelitano.
Me propongo solamente hacer un breve apunte, acerca de cada una de estas tres Teresas, que han vivido diferentes momentos históricos, y alcanzado las más altas cimas de la santidad, por caminos diferentes.
Teresa de Jesús, cuya grandeza viene definida por su vida y por sus obras, significa un hito glorioso en la historia de España y de la Iglesia universal, así como en las ciudades en que nació y murió.
Andariega de los caminos de Castilla y de Andalucía en la siembra de "palomarcitos" carmelitanos, para la reforma de su Orden, nació en Avila el 28 de Marzo de 1515, y murió en Alba de Tormes el 15 de Octubre de 1582.
Hija de padres de ascendencia judía, pasó la mayor parte de su vida fundando conventos de la Orden Carmelita Descalza, buscando la autenticidad en la fe, la esperanza y el amor en Jesús de Teresa, al que entregó su propia vida.
Durante su recorrido entre Avila y Alba de Tormes, tuvo tiempo para hacer numerosas Fundaciones, en las que hoy, después de siglos de historia se mantiene con toda su frescura y vitalidad el espíritu de esta mujer excepcional, como también escribir incontables páginas y libros de espiritualidad.
Entre ellos destacan, "Libro de la Vida", "Camino de Perfección, "Meditaciones sobre los Cantares, "Moradas del Castillo Interior, "Cuentas de Conciencia", "Exclamaciones",
"Poesías", "Libro de las Fundaciones, "Constituciones", "Visita de Descalzas" y "Avisos.
Además nos ha dejado un "Epistolario" de 468 cartas a otros tantos destinatarios, desbordantes de sabiduría y espiritualidad.
Devota ferviente de la Familia Trinitaria y de la Sagrada Familia, nos dejó trazado un camino humano divinizado, que ella siguió con una vocación integral.
Tampoco hemos de silenciar lo esencial de su vida: la propia santificación, y el mensaje de amor que ha dejado para futuras generaciones.
A continuación cito algunas estrofas aisladas de sus poesías líricas, que serán para el lector como exquisitos bombones de espiritualidad.
"Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero
que muero
porque no muero"
"Yo toda me entregué y di y de tal suerte he trocado que mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado"
"Cruz, descanso sabroso de mi vida, Vos seáis la bienvenida"
Teresa de Lisieux, o Teresa del Niño Jesús, como se quiso llamar, hizo suya la infancia de Jesús, se identificó con su condición de Niño y quiso sentirse niña como El.
Le entusiasmaba la idea de ser ella para Jesús un juguete de los más baratitos, con el que el Niño Dios se encontrara feliz. Al nacer recibió el nombre de Teresa Martín, cuyo apellido recuerda raíces hispanas.
Esta Teresa, vive una vida de sufrimientos, venidos de la penosa enfermedad de su padre y de la gran austeridad del monasterio. Recorrió un camino pequeño y doloroso: pequeño, porque fue corta su vida, pues murió a los 24 años; y doloroso, por las grandes pruebas que hubo de soportar.
Escribió "La historia de un alma", autobiografía en la que se manifiestan sus experiencias místicas y se muestra su profunda espiritualidad.
Decía que no era lo más importante el hacer cosas grandes, sino en poner, en las pequeñas, un amor grande. Trataba de vivir su vida cotidiana con toda humildad, gustando y compartiendo el amor de Dios con los demás.
Su vocación era el amor. Afirmaba: " en el corazón del cuerpo de la Iglesia, yo seré el amor".
A los 23 años enferma de tuberculosis, lo que convirtió el camino de su vida en un verdadero viacrucis. Sin embargo, ella quería vivir con alegría, el abandono del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre, de quien lo espera todo.
Cuando le preguntaban si aceptaba sus dolores, contestaba: "me gusta todo lo que Dios hace". Y obre su muerte decía que cuando, cansada de caminar, llegara al final de su vida, descansaría en los brazos de Dios.
En fin, una vida corta, purificada por los sufrimientos y sublimada por el amor.
Vivió el más profundo deseo de que la Palabra y el Amor de Dios llegase a todos los hombres de todos los lugares, por lo que fue nombrada Patrona de las misiones.
En este año en el que se cumplía el primer centenario de su muerte, y en el mismo día del Domund, el Papa Juan Pablo II la ha proclamado Doctora de la Iglesia.
Teresa de Calcuta, conocida en el mundo entero como la madre de los pobres, por los que cada día entregaba su vida, cargando con todas las carencias de los hombres que se encontraba en su camino. Conviene aclarar que los pobres para la Madre Teresa era todas las personas que sufrían por cualquier motivo.
"Los pobres son maravillosos; poseen una extraordinaria generosidad; nos dan mucho más de lo que nosotros les damos a ellos": eran sus palabras.
Y sigue su discurso: " la desdicha de los pobres, no es sólo la carencia de cosas materiales, sino sus heridas espirituales".
Es evidente que hay muchas clases de pobreza: todos somos pobres en algo. Cada hombre tiene sus carencias.
La Madre Teresa vivía la preocupación por la redención de los pobres: "sólo unidos, podemos redimirlos". Y quería satisfacer sus hambres, llegando a sentir lo que ellos sentían, haciendo suya el hambre de ellos.
Decía:" los pobres son el mismo Cristo. ¿Compartiremos con los pobres, como Jesús comparte con nosotros?.
En su pensamiento espiritual se puede leer: "sentirse felices con Dios en este mundo supone algunas cosas: amar como El ama; ayudar como El ayuda; dar como da El; salvar como El salva; permanecer siempre en su presencia, experimentando su contacto en los pobres y en las personas que sufren".
Teresa de Calcuta: camino de amor y generosidad, abierto en el mundo en este final del segundo milenio.
Desde Monleras
Hace pocas horas he llegado a este pueblo de Monleras y termino de dar un paseo por el entorno, con mi hijo Paco. Ha sido una ronda de lo más agradable; se palpaba la tranquilidad y se percibía la caricia del frescor de la tarde y el silencio denso de la campiña: un encinar inmenso que avanza, camino de Portugal.
Es curioso, pero desde lejos se veía la casa de Paco, recién estrenada, que se levanta sencilla y hermosamente pulcra.
Todo el paseo ha sido placentero y saludable. Hemos pasado por El Santo, campo de prado, que preside una gran charca, casi colmada de agua. Se sentía uno atraído, y también acogido por todo aquello, que nos llevó al embalse de La Almendra, pequeño mar de esta provincia nuestra.
Regresamos despacio, contemplando todo. Me llenaron de asombro la cantidad de nidos de cigüeña, encaramados encima de los árboles por toda aquella zona. Pero los nidos estaban vacíos, porque ya habían cumplido su misión este año, y esperaban otro más, a que las aves los visiten y les den calor.
También me ha impresionado la frondosidad de los fresnos que bordean la carretera del Monte, a la que sombrean densa y gratamente. ¡Una maravilla!. Quiero decirle, desde aquí, a Don Avelino y a Juanje Delgado, amigos míos, que soliciten del Ayuntamiento el cambio de nombre de esa carretera, por el de "AVENIDA DE LOS FRESNOS", como homenaje a su hermosa fronda.
Esto sólo es un apunte del entorno. Pero Monleras, sin duda es mucho más. Es su estructura y sus gentes, con toda su riqueza espiritual, su generosidad, su sentido de la acogida y de la aceptación. Además de todo lo que corresponde al mundo interior de las personas y que se manifiesta en la historia de un pueblo, con su cultura, sus costumbres, su peculiaridad. Esto, ya lo iremos conociendo para contarlo en otra ocasión.
Pero ya adelantamos ahora, que Monleras nos ha regalado la noche del sábado, día veintisiete, organizada por el Centro Cultural "Las Mestas", la puesta en escena de la obra teatral "Pedro y el Capitán" de Mario Benedetti, interpretada por Ramón Pascual y Ángel González, dirigida por éste último. Se trata de un impresionante diálogo, verdadera tragedia humana, como otras a las que nos tienen acostumbrados los acontecimientos de la vida.
Fue muy aplaudida por el auditorio.
Es curioso, pero desde lejos se veía la casa de Paco, recién estrenada, que se levanta sencilla y hermosamente pulcra.
Todo el paseo ha sido placentero y saludable. Hemos pasado por El Santo, campo de prado, que preside una gran charca, casi colmada de agua. Se sentía uno atraído, y también acogido por todo aquello, que nos llevó al embalse de La Almendra, pequeño mar de esta provincia nuestra.
Regresamos despacio, contemplando todo. Me llenaron de asombro la cantidad de nidos de cigüeña, encaramados encima de los árboles por toda aquella zona. Pero los nidos estaban vacíos, porque ya habían cumplido su misión este año, y esperaban otro más, a que las aves los visiten y les den calor.
También me ha impresionado la frondosidad de los fresnos que bordean la carretera del Monte, a la que sombrean densa y gratamente. ¡Una maravilla!. Quiero decirle, desde aquí, a Don Avelino y a Juanje Delgado, amigos míos, que soliciten del Ayuntamiento el cambio de nombre de esa carretera, por el de "AVENIDA DE LOS FRESNOS", como homenaje a su hermosa fronda.
Esto sólo es un apunte del entorno. Pero Monleras, sin duda es mucho más. Es su estructura y sus gentes, con toda su riqueza espiritual, su generosidad, su sentido de la acogida y de la aceptación. Además de todo lo que corresponde al mundo interior de las personas y que se manifiesta en la historia de un pueblo, con su cultura, sus costumbres, su peculiaridad. Esto, ya lo iremos conociendo para contarlo en otra ocasión.
Pero ya adelantamos ahora, que Monleras nos ha regalado la noche del sábado, día veintisiete, organizada por el Centro Cultural "Las Mestas", la puesta en escena de la obra teatral "Pedro y el Capitán" de Mario Benedetti, interpretada por Ramón Pascual y Ángel González, dirigida por éste último. Se trata de un impresionante diálogo, verdadera tragedia humana, como otras a las que nos tienen acostumbrados los acontecimientos de la vida.
Fue muy aplaudida por el auditorio.
El dúo Mayalde
Sin duda, Eusebio y Pilar, dúo "Mayalde", son dos grandes intérpretes del folklore salmantino. Su actuación del jueves en La Alamedilla, ante una presencia masiva de personas, fue la mejor prueba de que conocen y sienten las raíces de nuestra cultura.
Eusebio, desde la poesía nos muestra el alma de la historia. Esa historia profunda sobre la que se asienta y edifica nuestra historia presente. Que trae a nuestra vida lo que está guardado en el baúl de los recuerdos, un tanto olvidado, para que lo vivamos y lo gustemos.
Ayer ví cómo vibraba la gente al contacto con su palabra y ante el manejo de los utensilios que utilizaba. Porque todo aquel menaje de cocina: sartenes, tapaderas, calderetas, cántaras, etc, etc, que hace años compartía su vida con el hombre en los ámbitos del hogar, y que muchas de ellas han sido retiradas del uso, echadas al trastero de la casa y relegadas al olvido, cobraban vida y emoción en sus manos.
Eusebio es un gran artista, enamorado de nuestra tierra, y muy sensible a todo lo que sea cultura tradicional salmantina. Se pudo constatar a lo largo del repertorio costumbrista ofrecido por él, a la vera de la VII Feria del Barro de Salamanca.
Cada una de las historias que nos contó, tenían un especial encanto, y sus brindis estaban llenos de aforismos y de filosofía popular.
"La Ronda" comentada y cantada por Eusebio fue un primor. Los que somos mayores, conocimos, si es que no la hicimos, la inolvidable ronda de los mozos por las calles del pueblo, que se detenían en las plazuelas para cantarle a las mozas, a las fiestas del lugar y a las tareas más representativas del campo.
La representación de la escena del cazador de perdiz con reclamo, fue tan viva que te hacía presente el canto de esta ave, peculiar y típica de nuestro entorno paisajístico, con su libertad y con el propio drama de su vida; "cuarenta tajas": ¡quien las comerá!.
"La Loba Parda" es una trágica leyenda que yo aprendí siendo niño, de labios de mi padre, y al escucharla en la voz de Eusebio se llenó mi espíritu de aquellas felices resonancias infantiles.
Eusebio y Pilar se despidieron de nosotros con "La Polla". Una historia llena de encanto y de gracia, también muy conocida. Sin duda el protagonista supo sacar provecho del talento que recibió, ya que con una sola polla, mediante una negociación inteligente, consiguió comprar nada menos que a Madrid con todos sus madrileños.
Fue una tarde inolvidable. ¡Gracias Eusebio y Pilar!. Hasta otra.
Eusebio, desde la poesía nos muestra el alma de la historia. Esa historia profunda sobre la que se asienta y edifica nuestra historia presente. Que trae a nuestra vida lo que está guardado en el baúl de los recuerdos, un tanto olvidado, para que lo vivamos y lo gustemos.
Ayer ví cómo vibraba la gente al contacto con su palabra y ante el manejo de los utensilios que utilizaba. Porque todo aquel menaje de cocina: sartenes, tapaderas, calderetas, cántaras, etc, etc, que hace años compartía su vida con el hombre en los ámbitos del hogar, y que muchas de ellas han sido retiradas del uso, echadas al trastero de la casa y relegadas al olvido, cobraban vida y emoción en sus manos.
Eusebio es un gran artista, enamorado de nuestra tierra, y muy sensible a todo lo que sea cultura tradicional salmantina. Se pudo constatar a lo largo del repertorio costumbrista ofrecido por él, a la vera de la VII Feria del Barro de Salamanca.
Cada una de las historias que nos contó, tenían un especial encanto, y sus brindis estaban llenos de aforismos y de filosofía popular.
"La Ronda" comentada y cantada por Eusebio fue un primor. Los que somos mayores, conocimos, si es que no la hicimos, la inolvidable ronda de los mozos por las calles del pueblo, que se detenían en las plazuelas para cantarle a las mozas, a las fiestas del lugar y a las tareas más representativas del campo.
La representación de la escena del cazador de perdiz con reclamo, fue tan viva que te hacía presente el canto de esta ave, peculiar y típica de nuestro entorno paisajístico, con su libertad y con el propio drama de su vida; "cuarenta tajas": ¡quien las comerá!.
"La Loba Parda" es una trágica leyenda que yo aprendí siendo niño, de labios de mi padre, y al escucharla en la voz de Eusebio se llenó mi espíritu de aquellas felices resonancias infantiles.
Eusebio y Pilar se despidieron de nosotros con "La Polla". Una historia llena de encanto y de gracia, también muy conocida. Sin duda el protagonista supo sacar provecho del talento que recibió, ya que con una sola polla, mediante una negociación inteligente, consiguió comprar nada menos que a Madrid con todos sus madrileños.
Fue una tarde inolvidable. ¡Gracias Eusebio y Pilar!. Hasta otra.
El silencio interior
El silencio no es solamente la ausencia de ruidos que pudieran llegar a nosotros, como el silencio de la noche, el de los campos, los silencios de la música, o tantos otros silencios.
Hay un silencio especial y distinto, activo, dinámico y vital, que es el silencio de lo escondido, que sólo lo perciben los oídos del alma.
Lo poco que he podido gustar de él, me dice que es un silencio deleitable. La voluntad no lo podrá traer a nosotros por mucho que nos esforcemos, porque no se logra con el propio esfuerzo, sino que se da gratuitamente. Por eso hay que esperarlo
y acogerlo cuando llega. Porque sin duda vendrá.
Estamos hablando del silencio interiór, ese que dice lo inefable.
No es ninguna sombra de ningún ruido. Es un silencio que se siente en lo más hondo y que interpela a todo hombre con estas palabras:"¿Qué buscas?","¿hacia dónde caminas?" ;preguntas que reclaman una respuestas definitiva. Porque el hombre viene del silencio y camina hacia él. Hay como una convocación del silencio y para el silencio. Una realidad integral de palabras, gestos y hasta celular.
Pero no hablamos de la palabra que se calla, ni de los pasos que se detienen: se trata de un silencio del que brota la vida. Un lugar para la oración y la libertad. Un silencio vivo, elocuente, dinámico, que construye, que purifica. Este silencio no se puede decir, pero se debe hacer. Una aventura maravillosa.
La clave y razón de ser del silencio interior en el hombre es el conocimiento de sí mismo .Es el silencio de nuestro espíritu y de nuestro corazón, vida de nuestra vida.
Este silencio es el espacio en el que se permite rezar por el criminal y por el engreído y por el envidioso, porque ves en ellos los hermanos, según te los descubre tu corazón de amor. Esto tiene toda la fuerza del misterio. Porque en este silencio se puede hacer de la vida una oración en la que haya un hueco para los demás.
El silencio interior es aquel en el que somos y esperamos, y donde siempre nos aguarda el amor. Dios puede ser ese silencio, morando en el silencio de nuestro corazón, en el que va dejando su hermosura.
No se justifica nunca, ve las cosas con objetividad y se deja ver como lo más maravilloso. Símbolo del interior del hombre, es lo secreto de su corazón.
Dice el P. Moratiel que el silencio es trascendencia de todo ego. Es fidelidad a todo: a cada flor, a cada mirada, a cada atardecer, a cada palabra. Es feliz con lo que tiene y con lo que es. El hombre puede ser feliz con poco. Mejor, con nada. El silencio vuelve al hombre nada, pero ese nada es el todo de Dios. En nosotros está todo, porque está Dios.
En el fondo del silencio está la mística, donde se vive el misterio de la acogida del alma amada por el amado. En ese silencio se desarrolla la oración silenciosa, en la que todo es placidez, porque no habrá ninguna tensión. Hay que despojarse de los juicios, de los deseos, de las preocupaciones...
En el silencio nos transcendemos a nosotros mismos con todas las inquietudes. Es necesario desvanecerse en el yo para encontrar la calma del silencio. Porque el silencio va a llegar a mí, cuando viva la presencia de Dios en mi vida y experimente la resurrección a una vida nueva.
Hay un silencio especial y distinto, activo, dinámico y vital, que es el silencio de lo escondido, que sólo lo perciben los oídos del alma.
Lo poco que he podido gustar de él, me dice que es un silencio deleitable. La voluntad no lo podrá traer a nosotros por mucho que nos esforcemos, porque no se logra con el propio esfuerzo, sino que se da gratuitamente. Por eso hay que esperarlo
y acogerlo cuando llega. Porque sin duda vendrá.
Estamos hablando del silencio interiór, ese que dice lo inefable.
No es ninguna sombra de ningún ruido. Es un silencio que se siente en lo más hondo y que interpela a todo hombre con estas palabras:"¿Qué buscas?","¿hacia dónde caminas?" ;preguntas que reclaman una respuestas definitiva. Porque el hombre viene del silencio y camina hacia él. Hay como una convocación del silencio y para el silencio. Una realidad integral de palabras, gestos y hasta celular.
Pero no hablamos de la palabra que se calla, ni de los pasos que se detienen: se trata de un silencio del que brota la vida. Un lugar para la oración y la libertad. Un silencio vivo, elocuente, dinámico, que construye, que purifica. Este silencio no se puede decir, pero se debe hacer. Una aventura maravillosa.
La clave y razón de ser del silencio interior en el hombre es el conocimiento de sí mismo .Es el silencio de nuestro espíritu y de nuestro corazón, vida de nuestra vida.
Este silencio es el espacio en el que se permite rezar por el criminal y por el engreído y por el envidioso, porque ves en ellos los hermanos, según te los descubre tu corazón de amor. Esto tiene toda la fuerza del misterio. Porque en este silencio se puede hacer de la vida una oración en la que haya un hueco para los demás.
El silencio interior es aquel en el que somos y esperamos, y donde siempre nos aguarda el amor. Dios puede ser ese silencio, morando en el silencio de nuestro corazón, en el que va dejando su hermosura.
No se justifica nunca, ve las cosas con objetividad y se deja ver como lo más maravilloso. Símbolo del interior del hombre, es lo secreto de su corazón.
Dice el P. Moratiel que el silencio es trascendencia de todo ego. Es fidelidad a todo: a cada flor, a cada mirada, a cada atardecer, a cada palabra. Es feliz con lo que tiene y con lo que es. El hombre puede ser feliz con poco. Mejor, con nada. El silencio vuelve al hombre nada, pero ese nada es el todo de Dios. En nosotros está todo, porque está Dios.
En el fondo del silencio está la mística, donde se vive el misterio de la acogida del alma amada por el amado. En ese silencio se desarrolla la oración silenciosa, en la que todo es placidez, porque no habrá ninguna tensión. Hay que despojarse de los juicios, de los deseos, de las preocupaciones...
En el silencio nos transcendemos a nosotros mismos con todas las inquietudes. Es necesario desvanecerse en el yo para encontrar la calma del silencio. Porque el silencio va a llegar a mí, cuando viva la presencia de Dios en mi vida y experimente la resurrección a una vida nueva.
domingo, 28 de enero de 2007
La ruta de las Alpujarras
Nace en Granada y muere en Almería. Discurre desde el Pórtico de las Alpujarras, que está colocado a las mismas puertas de Lanjarón, pueblo que acoge al Balneario de su nombre, de aguas terapéuticas minero-medicinales, y corta en dos la Alpujarra granadina. Es una ruta ascendente hasta Trevélez, el pueblo mas elevado de España, desde donde se ve la cumbre del Mulhacén y la nieve de la Sierra de Granada, y donde la carretera empieza a descender, camino del Mediterráneo, hasta Almería. Se dice que el nombre de Trevélez le viene a este pueblo, porque fueron las familias de tres hermanos con apellido Vélez los que lo habitaron.
Es de suponer que los hermanos Vélez ya descubrirían las excelencias de aquel lugar para la cura de jamones, pues en la actualidad Trevélez tiene acreditada fama por el buen jamón que sale de sus excelentes curaderas, principal atracción para los gastrónomos.
En las Alpujarras se asientan cuarenta y ocho pueblos, cuarenta corresponden a la Alpujarra granadina y ocho a la almeriense. En todo el territorio, la reina es la montaña, sucediéndose en todo el recorrido, lomas, bancales, barrancos y quebradas. Se descubre la impresionante altura de las cimas, y los abismos por donde se despeñan las aguas de los ríos.
Me sorprendió sobremanera, que en la Alpujarra granadina hubiera una presencia histórica gallega, que data del final de la Reconquista, cuando Los Reyes Católicos expulsaron a los moros y pidieron repobladores que habitaran aquellas tierras.
Allí acudieron familias gallegas que arraigaron hondamente en aquella comarca, siendo hoy un injerto en la cultura granadina.
He conocido pueblos, cuyos nombres están en la raíz del dialecto que habló Rosalía de Castro, como son Capileira, Campaneira e Ilandeira; como también el río Pagueira. Así mismo pude conocer y hablar con personas, descendientes de aquellos gallegos que bajaron a cultivar la tierra alpujarreña, cuyos apellidos revelaban su origen del Noroeste de España, como son las provincias de Pontevedra y Orense, de donde procedían los afiladores que recoman los pueblos de España.
En Capileira visité el museo de Pedro A. de Alarcón en que pude contemplar un carro de afilador de la tierra gallega, de los que las personas mayores conocimos hace cincuenta años.
En la ruta de la Alpujarra granadina está el pueblo donde nació aquel niño que llevaron los monjes tibetanos para hacerlo Lama suyo. También se encuentra en la comarca la aldea cuna del ya famoso cantante Carlos Cano.
En toda esta ruta alta de la Alpujarra de Granada, todos los pueblos muestran una gran peculiaridad que los caracteriza. Allí las casas no están cubiertas por tejados, sino por terrados. Se trata de una tierra de pizarra o pizarra molida, muy abundante por aquellos parajes, que al humedecerla con agua se convierte en una masa impermeable, por donde no pasa el agua de la lluvia. Así pues, en aquella comarca no se ve tejados, sino terrados grises, planos y horizontales.
Tierra aquella, con mucha historia y famosa por su artesanía, especialmente la cerámica de gran calidad que sobresale por su primorosa ornamentación con motivos árabes, verdadero legado de Al-Andalus. También hay manos artesanas que trabajan con esmero la mimbre y el junco.
Cuenta la Historia que en aquella zona, en concreto en Lanjarón existía un poblamiento árabe desde el siglo Xll, así como un castillo en el distrito de Ferreira. En el siglo XV es citado este pueblo como una alquería de la alpujarra que fue conquistada por Muhammad Xll en 1489.
Hoy el castillo sólo presenta sus ruinas encaramadas en un pináculo impresionante, dando testimonio de que pasó por aquel lugar un destacado jefe musulmán.
Es de suponer que los hermanos Vélez ya descubrirían las excelencias de aquel lugar para la cura de jamones, pues en la actualidad Trevélez tiene acreditada fama por el buen jamón que sale de sus excelentes curaderas, principal atracción para los gastrónomos.
En las Alpujarras se asientan cuarenta y ocho pueblos, cuarenta corresponden a la Alpujarra granadina y ocho a la almeriense. En todo el territorio, la reina es la montaña, sucediéndose en todo el recorrido, lomas, bancales, barrancos y quebradas. Se descubre la impresionante altura de las cimas, y los abismos por donde se despeñan las aguas de los ríos.
Me sorprendió sobremanera, que en la Alpujarra granadina hubiera una presencia histórica gallega, que data del final de la Reconquista, cuando Los Reyes Católicos expulsaron a los moros y pidieron repobladores que habitaran aquellas tierras.
Allí acudieron familias gallegas que arraigaron hondamente en aquella comarca, siendo hoy un injerto en la cultura granadina.
He conocido pueblos, cuyos nombres están en la raíz del dialecto que habló Rosalía de Castro, como son Capileira, Campaneira e Ilandeira; como también el río Pagueira. Así mismo pude conocer y hablar con personas, descendientes de aquellos gallegos que bajaron a cultivar la tierra alpujarreña, cuyos apellidos revelaban su origen del Noroeste de España, como son las provincias de Pontevedra y Orense, de donde procedían los afiladores que recoman los pueblos de España.
En Capileira visité el museo de Pedro A. de Alarcón en que pude contemplar un carro de afilador de la tierra gallega, de los que las personas mayores conocimos hace cincuenta años.
En la ruta de la Alpujarra granadina está el pueblo donde nació aquel niño que llevaron los monjes tibetanos para hacerlo Lama suyo. También se encuentra en la comarca la aldea cuna del ya famoso cantante Carlos Cano.
En toda esta ruta alta de la Alpujarra de Granada, todos los pueblos muestran una gran peculiaridad que los caracteriza. Allí las casas no están cubiertas por tejados, sino por terrados. Se trata de una tierra de pizarra o pizarra molida, muy abundante por aquellos parajes, que al humedecerla con agua se convierte en una masa impermeable, por donde no pasa el agua de la lluvia. Así pues, en aquella comarca no se ve tejados, sino terrados grises, planos y horizontales.
Tierra aquella, con mucha historia y famosa por su artesanía, especialmente la cerámica de gran calidad que sobresale por su primorosa ornamentación con motivos árabes, verdadero legado de Al-Andalus. También hay manos artesanas que trabajan con esmero la mimbre y el junco.
Cuenta la Historia que en aquella zona, en concreto en Lanjarón existía un poblamiento árabe desde el siglo Xll, así como un castillo en el distrito de Ferreira. En el siglo XV es citado este pueblo como una alquería de la alpujarra que fue conquistada por Muhammad Xll en 1489.
Hoy el castillo sólo presenta sus ruinas encaramadas en un pináculo impresionante, dando testimonio de que pasó por aquel lugar un destacado jefe musulmán.
Lanjarón y sus aguas
Estuve en Lanjarón y conocí sus aguas y sus gentes, como también, un poco de su historia. A este pueblo le viene el nombre de los árabes, que lo llamaron Al-Lancharon, y quiere decir "campo de aguas saludables", nombre cuyo origen puede estar en la voz "lancha", o "manantial de agua viva y perenne". Todo esto es un legado del Al-Andalus de la España musulmana que tiene allí sus raíces mas hondas.
Lanjarón es el primer pueblo de la Alpujarra granadina. A su entrada se levanta un monumento en el que reza:" Lanjarón, Pórtico de Ia41pujarra". Está colgado de una montaña, en las estribaciones de Sierra Nevada, rodeado de un circo grandioso de lomas, con barrancos impresionantes. Abundan las quebradas, por las que se despeñan, en cascadas, torrenteras espumosas del agua. Porque Lanjarón es el pueblo de las aguas, por las que es conocido y prestigiado. Todo lo que puede ofrecer, le viene dado por sus aguas, cuya historia nace de un acontecimiento singular: Un monje capuchino que veía cómo se deterioraba su salud, hasta el punto de estar desahuciado de los médicos, bebió de uno de sus manantiales, quedando curado de sus dolencias, por lo que desde entonces el agua se llama "capuchina". Aunque también existen las aguas de la "salud" y "san Vicente".
Los tiempos recientes han hecho posible que en el pueblo haya surgido una industria de envasado de agua, una ciudad-balneario y un enclave turístico de gran afluencia.
Las aguas de Lanjarón están dotadas de propiedades minero-medicinales que son terapia y alivio para las personas que acuden allí aquejadas por enfermedades reumáticas, de las vías respiratorias o digestivas.
Las personas acuden masivamente, atraídas por la fama de aquellas aguas termales, llenando el Balneario y los hoteles, que al amparo del mismo han surgido, a lo largo del pueblo, en número impresionante.
En definitiva, que las aguas son las protagonistas de aquella prosperidad, que ha convertido a Lasaron en lugar de acogida para un turismo excepcional.
Durante mi estancia en Lanjarón me sorprendió algo que quiero contar. Se trata de un apunte cultural. Paseando yo por la avenida principal del pueblo, descubrí lo que vine a llamar "la ruta de las fuentes". Estaban colocadas todas ellas en la parte izquierda de la principal vía urbana, y desde allí mostraban al paseante lo más valioso del lugar: su agua. Pero todas ellas estaban embellecidas con un poema de García Lorca, algunos del Romancero Gitano, y otros, sueltos. Fue un regalo que yo acogía con entusiasmo y por lo que me sentía muy halagado.
Luego me enteré de que un día de mediados de siglo, el balneario de Lanjarón fue visitado por el poeta de Fuente Vaqueros y por Manuel de Falla. Sin duda los Cañoneros, que así llaman a los habitantes de Lanjarón, quisieron homenajear a Federico, reproduciendo sus poemas en aquellas fuentes de las aguas que eran lo más emblemático que poseían.
Lanjarón es el primer pueblo de la Alpujarra granadina. A su entrada se levanta un monumento en el que reza:" Lanjarón, Pórtico de Ia41pujarra". Está colgado de una montaña, en las estribaciones de Sierra Nevada, rodeado de un circo grandioso de lomas, con barrancos impresionantes. Abundan las quebradas, por las que se despeñan, en cascadas, torrenteras espumosas del agua. Porque Lanjarón es el pueblo de las aguas, por las que es conocido y prestigiado. Todo lo que puede ofrecer, le viene dado por sus aguas, cuya historia nace de un acontecimiento singular: Un monje capuchino que veía cómo se deterioraba su salud, hasta el punto de estar desahuciado de los médicos, bebió de uno de sus manantiales, quedando curado de sus dolencias, por lo que desde entonces el agua se llama "capuchina". Aunque también existen las aguas de la "salud" y "san Vicente".
Los tiempos recientes han hecho posible que en el pueblo haya surgido una industria de envasado de agua, una ciudad-balneario y un enclave turístico de gran afluencia.
Las aguas de Lanjarón están dotadas de propiedades minero-medicinales que son terapia y alivio para las personas que acuden allí aquejadas por enfermedades reumáticas, de las vías respiratorias o digestivas.
Las personas acuden masivamente, atraídas por la fama de aquellas aguas termales, llenando el Balneario y los hoteles, que al amparo del mismo han surgido, a lo largo del pueblo, en número impresionante.
En definitiva, que las aguas son las protagonistas de aquella prosperidad, que ha convertido a Lasaron en lugar de acogida para un turismo excepcional.
Durante mi estancia en Lanjarón me sorprendió algo que quiero contar. Se trata de un apunte cultural. Paseando yo por la avenida principal del pueblo, descubrí lo que vine a llamar "la ruta de las fuentes". Estaban colocadas todas ellas en la parte izquierda de la principal vía urbana, y desde allí mostraban al paseante lo más valioso del lugar: su agua. Pero todas ellas estaban embellecidas con un poema de García Lorca, algunos del Romancero Gitano, y otros, sueltos. Fue un regalo que yo acogía con entusiasmo y por lo que me sentía muy halagado.
Luego me enteré de que un día de mediados de siglo, el balneario de Lanjarón fue visitado por el poeta de Fuente Vaqueros y por Manuel de Falla. Sin duda los Cañoneros, que así llaman a los habitantes de Lanjarón, quisieron homenajear a Federico, reproduciendo sus poemas en aquellas fuentes de las aguas que eran lo más emblemático que poseían.
Los pastores de Belén
Los Pastores de Belén fueron los hombres más afortunados de la tierra, por los acontecimientos inauditos que su vida les permitió conocer. Porque no hay nada comparable y tan portentoso como el ver nacer al Hijo de Dios; un Dios, que no encontró delicia mayor para El, que humanizarse en un niño, como cualquiera de los que nacen cada día. Y ver bracear y pernear, llorar y reír, que es la primera manifestación humana, a todo un Señor de la Vida, para los Pastores sería, sin duda, inefable y sobrecogedor.
El Niño Dios quiso formarse del mismo barro de los hombres, en quienes el Padre tiene sus complacencias, viniendo a la vida, en la total precariedad, necesitado de todo como cada niño que nace.
La gran lección de los Pastores es la fe que nos transmiten a los que a través del
/
tiempo vamos a creer en ese Niño que nació en Belén. Ellos reciben, del Ángel del Señor, el anuncio del nacimiento "de un salvador, que es Cristo Señor". Oyen esta Palabra, refrendada por " una multitud del ejército celestial", que da gloria a Dios y expresa a los hombres su deseo de paz.
Los Pastores han escuchado la Palabra que Dios les envía por el Ángel, la han acogido y han creído en ella. Y no solamente la han hecho motivo de su fe y vida de su vida, sino que se han puesto en marcha y van abriendo un camino para llegar a ^conocer a su Dios, al que rinden su corazón. Su fe queda confirmada, y regresan, ofreciendo al mundo su testimonio, alabando y glorificando a Dios.
Este ejemplo que nos dan los Pastores, es la mejor invitación a que los creyentes abramos nuestros oídos al mensaje de la Palabra de Dios, y a que la acojamos en nuestro corazón, para que se pueda llenar nuestra vida de la paz, el amor y la alegría que ese Niño, Dios y hombre, nos trajo para todos.
¡¡Felices Navidades!!
El Niño Dios quiso formarse del mismo barro de los hombres, en quienes el Padre tiene sus complacencias, viniendo a la vida, en la total precariedad, necesitado de todo como cada niño que nace.
La gran lección de los Pastores es la fe que nos transmiten a los que a través del
/
tiempo vamos a creer en ese Niño que nació en Belén. Ellos reciben, del Ángel del Señor, el anuncio del nacimiento "de un salvador, que es Cristo Señor". Oyen esta Palabra, refrendada por " una multitud del ejército celestial", que da gloria a Dios y expresa a los hombres su deseo de paz.
Los Pastores han escuchado la Palabra que Dios les envía por el Ángel, la han acogido y han creído en ella. Y no solamente la han hecho motivo de su fe y vida de su vida, sino que se han puesto en marcha y van abriendo un camino para llegar a ^conocer a su Dios, al que rinden su corazón. Su fe queda confirmada, y regresan, ofreciendo al mundo su testimonio, alabando y glorificando a Dios.
Este ejemplo que nos dan los Pastores, es la mejor invitación a que los creyentes abramos nuestros oídos al mensaje de la Palabra de Dios, y a que la acojamos en nuestro corazón, para que se pueda llenar nuestra vida de la paz, el amor y la alegría que ese Niño, Dios y hombre, nos trajo para todos.
¡¡Felices Navidades!!
"O Monte do Gozo"
El Monte del Gozo es un lugar privilegiado de la Galicia compostelana, apenas a cuatro kilómetros del Sepulcro de Santiago.
Desde allí se sienten los latidos de la Historia, porque en este monte experimentaban los peregrinos el gozo de llegar a descubrir las torres de la Catedral, donde reposan los restos del Apóstol, y era el final y la meta del Camino de Santiago.
El Monte del Gozo, que deja ver el" Campo de la Estela" en la que Santiago quiso reposar, es sitio idóneo, por su altura, silencio y pacifícidad para rumiar los grandes acontecimientos de la vida interior. A su gran pradera han arribado un número incontable de peregrinos de todas las latitudes, y en todas las épocas de la historia. Y se detenían sobre los hombros del Monte, en su suelo verdoso, para respirar hondo, descansar y descubrir el centro de su vida.
Fue el lugar elegido por el Papa, Juan Pablo II, para celebrar la última concentración de Jóvenes de todo el mundo, donde les dio una Palabra testimonial de su vida cristiana que iluminara a la vez el camino de fe de su propia vida.
Estuve en el Monte del Gozo, días pasados, con una actitud abierta a lo que Galicia me mostraba y me ofrecía de su riqueza artística y espiritual.
Este lugar de acogida de peregrinos, se ha transformado en una Ciudad Vacaciones. La Junta de Galicia ha levantado en él, numerosos pabellones sencillos y confortables, con habitaciones hoteleras modernísimas, para acoger el turismo que llega a este centro y corazón de Galicia. En el recinto, hay residencia para estudiantes que cursan sus estudios en la Universidad de Compostela; alojamientos para peregrinos de acá y de allá, que hacen el camino de Santiago para encontrarse con su fe y con su esperanza en su propio interior y hacerla vida de su propia vida.
He podido ver en el Monte del Gozo a más de un centenar de jovencitos y un colectivo de adultos, todos extranjeros que acudieron allí para conocer la ciudad de Santiago. También buscan allí alojamiento las personas de la tercera Edad que acuden a los Circuitos Culturales organizados por Mundosocial.
Este complejo turístico está dotado de varios centenares de habitaciones con dos camas, baño, teléfono y televisión. Tiene servicio de cafetería y comedor. Servicios sanitarios que lleva a cabo el personal del propio Insalud, y un servicio de autobuses que llegan al Monte; desde Compostela, varias veces al día. También cuenta el Monte del Gozo con una sala fiestas y un grupo de jóvenes, organizadores y guías de cuanto acontece en el propio Monte y en las rutas turística/que se organizan desde allí, verdaderos artífices, dignos de todo elogio por su formación y calidad humana. Por aquellos pagos andan Angela, Ofelia y Antonio; desde Salamanca quiero enviarle una palabra amable, como respuesta a su exquisita amabilidad.
Desde allí se sienten los latidos de la Historia, porque en este monte experimentaban los peregrinos el gozo de llegar a descubrir las torres de la Catedral, donde reposan los restos del Apóstol, y era el final y la meta del Camino de Santiago.
El Monte del Gozo, que deja ver el" Campo de la Estela" en la que Santiago quiso reposar, es sitio idóneo, por su altura, silencio y pacifícidad para rumiar los grandes acontecimientos de la vida interior. A su gran pradera han arribado un número incontable de peregrinos de todas las latitudes, y en todas las épocas de la historia. Y se detenían sobre los hombros del Monte, en su suelo verdoso, para respirar hondo, descansar y descubrir el centro de su vida.
Fue el lugar elegido por el Papa, Juan Pablo II, para celebrar la última concentración de Jóvenes de todo el mundo, donde les dio una Palabra testimonial de su vida cristiana que iluminara a la vez el camino de fe de su propia vida.
Estuve en el Monte del Gozo, días pasados, con una actitud abierta a lo que Galicia me mostraba y me ofrecía de su riqueza artística y espiritual.
Este lugar de acogida de peregrinos, se ha transformado en una Ciudad Vacaciones. La Junta de Galicia ha levantado en él, numerosos pabellones sencillos y confortables, con habitaciones hoteleras modernísimas, para acoger el turismo que llega a este centro y corazón de Galicia. En el recinto, hay residencia para estudiantes que cursan sus estudios en la Universidad de Compostela; alojamientos para peregrinos de acá y de allá, que hacen el camino de Santiago para encontrarse con su fe y con su esperanza en su propio interior y hacerla vida de su propia vida.
He podido ver en el Monte del Gozo a más de un centenar de jovencitos y un colectivo de adultos, todos extranjeros que acudieron allí para conocer la ciudad de Santiago. También buscan allí alojamiento las personas de la tercera Edad que acuden a los Circuitos Culturales organizados por Mundosocial.
Este complejo turístico está dotado de varios centenares de habitaciones con dos camas, baño, teléfono y televisión. Tiene servicio de cafetería y comedor. Servicios sanitarios que lleva a cabo el personal del propio Insalud, y un servicio de autobuses que llegan al Monte; desde Compostela, varias veces al día. También cuenta el Monte del Gozo con una sala fiestas y un grupo de jóvenes, organizadores y guías de cuanto acontece en el propio Monte y en las rutas turística/que se organizan desde allí, verdaderos artífices, dignos de todo elogio por su formación y calidad humana. Por aquellos pagos andan Angela, Ofelia y Antonio; desde Salamanca quiero enviarle una palabra amable, como respuesta a su exquisita amabilidad.
Para una reflexión
Si tu vida está llena de caminos y no sabes por cual de ellos caminar, busca aquel que Dios haya señalado para ti, síguelo y serás feliz.
Si sólo quieres hacer valer tu verdad, ¡ten cuidado!, porque ella siempre es subjetiva y puede equivocarse. Más bien procura siempre conocer y vivir la Verdad de Dios, que viene para que los hombres no se pierdan.
Si sólo vives tu vida terrena y corporal, la estás perdiendo. Busca conocer la Fuente de la Vida, porque ella es la Vida Eterna que Jesucristo ha ganado para ti. Esa es tu vida.
Isidro Marcos de Paul
Si sólo quieres hacer valer tu verdad, ¡ten cuidado!, porque ella siempre es subjetiva y puede equivocarse. Más bien procura siempre conocer y vivir la Verdad de Dios, que viene para que los hombres no se pierdan.
Si sólo vives tu vida terrena y corporal, la estás perdiendo. Busca conocer la Fuente de la Vida, porque ella es la Vida Eterna que Jesucristo ha ganado para ti. Esa es tu vida.
Isidro Marcos de Paul
Poema para el recuerdo
Todavía no nos ha abandonado la borrasca invernal, que se ha desatado y nos castiga hasta el extremo de que va dejando muertos en las carreteras, en los caminos y hasta en las calles.
Con ese motivo he recordado un poema, que mi padre, siendo yo niño, me repetía, al amor de la lumbre, en la casa rural, después de cenar, mientras zumbaba el ventarrón sobre los tejados, las calles eran anegadas por los aguaceros, y las fuertes heladas mataban la vida vegetal, haciendo tabla rasa de la hierba del campo, hasta dejarlo convertido en un páramo.
El poema que mi padre me recitaba, mientras ardía la candela de la cocina, cuando era niño, durante aquellas noches pavorosas, de lluvia, viento y nieve, era éste:
"Yo me acuerdo con pena esta noche/ del que está sin abrigo en las calles,/ contemplando la ajena alegría/ sentado a una puerta/ con frío y con hambre.
Yo me acuerdo con pena esta noche/ del perdido infeliz caminante/ que entre nieve que borra las sendas/ escucha a los lobos/ aullando acercarse.
Yo me acuerdo con pena esta noche/ del que cruza a tal hora los mares/ viendo en sueños el sitio vacío/ que habrá entre los suyos/ allá en otra parte".
Era la década de los veinte, cuando yo vivía los primeros años de mi infancia.
Ahora son otros tiempos, y ha cambiado mucho la vida, y estas situaciones apuntadas, son realmente excepcionales.
Sin embargo, yo mantengo este poema en el recuerdo, porque cuando llegan situaciones extremas en que peligra la vida del hombre a causa de temporales invernales, como el que hemos vivido estos días, y tragedias mayores que hemos conocido, siempre viene a mi memoria este poema y me arranca un sentimiento de solidaridad con el que sufre.
Y siempre habrá algún hombre, cuya única casa es la calle, expuesto a morir de frío y de hambre, en una noche de rigor invernal.
También habrá siempre algún infeliz caminante perdido por los infinitos caminos de la vida, acosado por los lobos del miedo a la muerte, que mira al abismo de la desesperanza.
Asimismo, en algún lugar de la Tierra, durante una noche de gélido invierno, siempre se encontrará algún viajero o emigrante, soñando con el sitio vacío que un día dejó en medio de los suyos, allá en otra parte.
Por eso este poema que me enseñó mi padre y que yo transmito a mis hijos, quiero que esté siempre en mi recuerdo, para que me haga descubrir dónde están mis sentimientos solidarios, cuando se desatan esa borrascas invernales.
Con ese motivo he recordado un poema, que mi padre, siendo yo niño, me repetía, al amor de la lumbre, en la casa rural, después de cenar, mientras zumbaba el ventarrón sobre los tejados, las calles eran anegadas por los aguaceros, y las fuertes heladas mataban la vida vegetal, haciendo tabla rasa de la hierba del campo, hasta dejarlo convertido en un páramo.
El poema que mi padre me recitaba, mientras ardía la candela de la cocina, cuando era niño, durante aquellas noches pavorosas, de lluvia, viento y nieve, era éste:
"Yo me acuerdo con pena esta noche/ del que está sin abrigo en las calles,/ contemplando la ajena alegría/ sentado a una puerta/ con frío y con hambre.
Yo me acuerdo con pena esta noche/ del perdido infeliz caminante/ que entre nieve que borra las sendas/ escucha a los lobos/ aullando acercarse.
Yo me acuerdo con pena esta noche/ del que cruza a tal hora los mares/ viendo en sueños el sitio vacío/ que habrá entre los suyos/ allá en otra parte".
Era la década de los veinte, cuando yo vivía los primeros años de mi infancia.
Ahora son otros tiempos, y ha cambiado mucho la vida, y estas situaciones apuntadas, son realmente excepcionales.
Sin embargo, yo mantengo este poema en el recuerdo, porque cuando llegan situaciones extremas en que peligra la vida del hombre a causa de temporales invernales, como el que hemos vivido estos días, y tragedias mayores que hemos conocido, siempre viene a mi memoria este poema y me arranca un sentimiento de solidaridad con el que sufre.
Y siempre habrá algún hombre, cuya única casa es la calle, expuesto a morir de frío y de hambre, en una noche de rigor invernal.
También habrá siempre algún infeliz caminante perdido por los infinitos caminos de la vida, acosado por los lobos del miedo a la muerte, que mira al abismo de la desesperanza.
Asimismo, en algún lugar de la Tierra, durante una noche de gélido invierno, siempre se encontrará algún viajero o emigrante, soñando con el sitio vacío que un día dejó en medio de los suyos, allá en otra parte.
Por eso este poema que me enseñó mi padre y que yo transmito a mis hijos, quiero que esté siempre en mi recuerdo, para que me haga descubrir dónde están mis sentimientos solidarios, cuando se desatan esa borrascas invernales.
Salamanca, 23-12-96
Sr. Don Fructuoso Mangas.
Querido Fructuoso:
Entre los amigos, nunca estará de más el compartir las cosas de nuestra vida. Todas esas que llenan el misterio que nos envuelve. Y son tantas, las que nos empujan, o nos frenan, o nos interpelan, o nos alegran, o nos entristecen ...,que se pierde uno en medio de ellas.
Pero algunas aparecen con más relieve ante nuestros ojos, y nos impactan más, como ha sido el paso de tu madre, de la prueba de esta vida al gozo del amor de Dios.
Y yo quiero dedicarte un pequeño tiempo de esta preciosa Noche Buena, para hablar contigo, pues ya he hablado con Dios de tu madre.
¡A qué reflexiones mas hondas le lleva a uno la vida, ya que caminamos entre luz y sombras, lo grande y lo pequeño, el egoísmo y la generosidad, entre el cielo y la tierra ..., en definitiva entre el bien y el mal!.
Te envío el Villancico 96. Me lo ha dictado mi fe en ese Niño que se nos ha dado en este día. En este día temporal nuestro, que se encuentra dentro del día eterno de Dios.
Quiero entender que El, siendo el amor puro y total, viene a llenar mi vida, para que yo pueda vivir en la alegría . ¡Y que yo pueda tener un corazón de amor para todos los hombres!.
Partiendo de ahí, creo que todo resulta más sencillo, aunque sea costoso. No sé por qué te digo todo esto, en este día de Navidad. Sin duda porque creo que ella es acogida para mí, y viene para que acoja todo lo que se me da de parte Dios, bueno o malo . Porque, ¿ qué es bueno, o qué es malo para mí?. Yo no lo sé. Quizá sí lo sepa: lo bueno para mí creo que es el bien de todos.
Creo que me estoy pasando al hablar insistentemente de mí, porque dejo así constancia de mi egoísmo.
Tal vez te estoy cansando: perdona. Aún así me atrevo a pedirte que reces por mí a por los míos. Yo procuraré corresponder contigo.
Querido Fructuoso, he querido pasar un rato contigo, y sólo lo he conseguido, dándole vueltas a mi pensamiento.
Yo sé muy poco, aunque creo que he experimentado el sufrimiento de este peregrinar humano, por eso cuando hablo de cosas de la vida, lo hago desde mi pobre experiencia.
¡Feliz Navidad!.Un abrazo muy fuerte en el Señor.
Querido Fructuoso:
Entre los amigos, nunca estará de más el compartir las cosas de nuestra vida. Todas esas que llenan el misterio que nos envuelve. Y son tantas, las que nos empujan, o nos frenan, o nos interpelan, o nos alegran, o nos entristecen ...,que se pierde uno en medio de ellas.
Pero algunas aparecen con más relieve ante nuestros ojos, y nos impactan más, como ha sido el paso de tu madre, de la prueba de esta vida al gozo del amor de Dios.
Y yo quiero dedicarte un pequeño tiempo de esta preciosa Noche Buena, para hablar contigo, pues ya he hablado con Dios de tu madre.
¡A qué reflexiones mas hondas le lleva a uno la vida, ya que caminamos entre luz y sombras, lo grande y lo pequeño, el egoísmo y la generosidad, entre el cielo y la tierra ..., en definitiva entre el bien y el mal!.
Te envío el Villancico 96. Me lo ha dictado mi fe en ese Niño que se nos ha dado en este día. En este día temporal nuestro, que se encuentra dentro del día eterno de Dios.
Quiero entender que El, siendo el amor puro y total, viene a llenar mi vida, para que yo pueda vivir en la alegría . ¡Y que yo pueda tener un corazón de amor para todos los hombres!.
Partiendo de ahí, creo que todo resulta más sencillo, aunque sea costoso. No sé por qué te digo todo esto, en este día de Navidad. Sin duda porque creo que ella es acogida para mí, y viene para que acoja todo lo que se me da de parte Dios, bueno o malo . Porque, ¿ qué es bueno, o qué es malo para mí?. Yo no lo sé. Quizá sí lo sepa: lo bueno para mí creo que es el bien de todos.
Creo que me estoy pasando al hablar insistentemente de mí, porque dejo así constancia de mi egoísmo.
Tal vez te estoy cansando: perdona. Aún así me atrevo a pedirte que reces por mí a por los míos. Yo procuraré corresponder contigo.
Querido Fructuoso, he querido pasar un rato contigo, y sólo lo he conseguido, dándole vueltas a mi pensamiento.
Yo sé muy poco, aunque creo que he experimentado el sufrimiento de este peregrinar humano, por eso cuando hablo de cosas de la vida, lo hago desde mi pobre experiencia.
¡Feliz Navidad!.Un abrazo muy fuerte en el Señor.
Un nido de águilas
Estuve en una aldea vacía y sola, sin vida ni futuro, asentada en la cima de una montaña asturiana. No había en ella niños, hombres, ni mujeres, sólo pájaros, árboles y caminos. Allí me encontré con la abuela de aquel lugar, una mujer muy anciana, único superviviente, que había vuelto, buscando el recuerdo amoroso de lo que había perdido. Y ocurrió, un día de verano, que traía al corazón las resonancias celestes de un amor fiel al hombre.
La aldea de mi historia, era como nido de águilas, encaramado en la cresta de un monte, abandonado y solo: un museo de la historia humana.
La abuela, había venido de la gran ciudad, donde vivía con el hijo que le quedaba, su nuera y sus dos nietos. Pero ahora estaba allí, en medio de aquel silencio, entristecido por las elegías de los pájaros, rodeada de hórreos y manzanos. Y yo conocí aquella valiente mujer, que había vuelto para vivir recordando. Como si la recordación devolviera a su vida, la dulzura de su infancia, las delicias de su juventud y la plenitud de gozos y frutos del amor, que ella había experimentado en su hondo y feliz matrimonio.
La abuela nació en aquel picacho, junto a las estrellas, que era su aldea asturiana, he hizo del lugar la razón de su vida. Allí vio su luz primera, creció y se enamoró, abriéndose a la existencia, para darle los dos hijos que vinieron. Allí murió uno de ellos, también, el amor de su vida, que fue su marido. Ahora está allí sola, en el pueblecito abandonado y muerto. Ella, que había visto crecer los manzanos y los maizales, para llenar los hórreos de los sanos frutos de la tierra. Ella, que conoció el volar de las águilas en el azul del cielo, y el canto inefable de los jilgueros y ruiseñores, la alegría de sus hijos, el calor íntimo del marido ...
Allí estaban las raíces de su vida y todos sus amores. Sus padres, su marido, uno de sus dos hijos y toda la familia estaban enterrados en aquella aldea, ahora sumida en el silencio más sepulcral. Todo aquello estaba allí, pero ella lo había incorporado a su vida y lo vivía en su interior, donde estaba presente, hecho amor para siempre.
Ahora vivía en la ciudad, lejos de todo aquello, donde iba muriendo poco a poco, porque sentía cómo la aprisionaba la gran urbe. Y tiene dividido el corazón entre la ciudad y su aldea: entre su nacer y su morir. Pues aquella mujer ve cómo se van cerrando todos los caminos, a sus pasos, ya inseguros y vacilantes. Sólo vive con la esperanza de que el Dios bueno, al final de su vida, ya cercano, la acoja con misericordia.
Y yo me pregunto qué decisión tomaría aquella abuela amable, fiel a los suyos y a su tierra: ¿ volvería de nuevo al frenesí urbano, buscando el calor de su familia, o se quedaría en la aldea, habitando su verdadera casa, viviendo la más absoluta soledad, hasta el momento de su total liberación ?. ¡Me gustaría saberlo!.
La aldea de mi historia, era como nido de águilas, encaramado en la cresta de un monte, abandonado y solo: un museo de la historia humana.
La abuela, había venido de la gran ciudad, donde vivía con el hijo que le quedaba, su nuera y sus dos nietos. Pero ahora estaba allí, en medio de aquel silencio, entristecido por las elegías de los pájaros, rodeada de hórreos y manzanos. Y yo conocí aquella valiente mujer, que había vuelto para vivir recordando. Como si la recordación devolviera a su vida, la dulzura de su infancia, las delicias de su juventud y la plenitud de gozos y frutos del amor, que ella había experimentado en su hondo y feliz matrimonio.
La abuela nació en aquel picacho, junto a las estrellas, que era su aldea asturiana, he hizo del lugar la razón de su vida. Allí vio su luz primera, creció y se enamoró, abriéndose a la existencia, para darle los dos hijos que vinieron. Allí murió uno de ellos, también, el amor de su vida, que fue su marido. Ahora está allí sola, en el pueblecito abandonado y muerto. Ella, que había visto crecer los manzanos y los maizales, para llenar los hórreos de los sanos frutos de la tierra. Ella, que conoció el volar de las águilas en el azul del cielo, y el canto inefable de los jilgueros y ruiseñores, la alegría de sus hijos, el calor íntimo del marido ...
Allí estaban las raíces de su vida y todos sus amores. Sus padres, su marido, uno de sus dos hijos y toda la familia estaban enterrados en aquella aldea, ahora sumida en el silencio más sepulcral. Todo aquello estaba allí, pero ella lo había incorporado a su vida y lo vivía en su interior, donde estaba presente, hecho amor para siempre.
Ahora vivía en la ciudad, lejos de todo aquello, donde iba muriendo poco a poco, porque sentía cómo la aprisionaba la gran urbe. Y tiene dividido el corazón entre la ciudad y su aldea: entre su nacer y su morir. Pues aquella mujer ve cómo se van cerrando todos los caminos, a sus pasos, ya inseguros y vacilantes. Sólo vive con la esperanza de que el Dios bueno, al final de su vida, ya cercano, la acoja con misericordia.
Y yo me pregunto qué decisión tomaría aquella abuela amable, fiel a los suyos y a su tierra: ¿ volvería de nuevo al frenesí urbano, buscando el calor de su familia, o se quedaría en la aldea, habitando su verdadera casa, viviendo la más absoluta soledad, hasta el momento de su total liberación ?. ¡Me gustaría saberlo!.
Año nuevo
"A rey muerto rey puesto". Un año se va y viene otro; uno muere y otro nace, y todo sigue igual. Se suceden los días y las horas y siempre la misma cantinela: la mañana, la tarde y la noche, el ropaje del tiempo. Este es el paraje, en el que nos movemos. Nuestro paraje. Muy humano, como nosotros. El tiempo es la medida de nuestra vida, nada más.
Sin embargo, cada año tiene su personalidad, y viene a empaparse de nuestras vivencias, que son distintas en cada momento. La historia de cuanto vivimos, la imprimimos en nuestro interior, y nos acompaña eternamente. El año que termina, sólo se queda con una copia de esas vivencias, y son las que se lleva, como el viento las hojas de los árboles.
Por eso es importante aquello de "Año Nuevo vida nueva". Porque el año que llega a nuestra vida, tiene sus propias exigencias, y nos está llamando a una total e integral renovación.
Y no hace falta disponer grandes preparativos o proyectos: las obras más sencillas son las más bellas y meritorias. Sólo tener un corazón y una mente nueva, como el año que nace. Nuevos, los sentimientos de nuestro corazón y las ideas de nuestro pensamiento. Esto es lo único necesario: renovar los ojos del corazón. Porque si éstos son nuevos, todo será distinto. Nuestra vida tendrá nuevos aires, nuevo sol, nuevos caminos.
Así veremos mejor, lo bueno que existe en la vida de las personas que caminan con nosotros, y las podremos amar. Porque lo bueno es amable, y de aquí nace,como en el Año Nuevo, la necesidad de la acogida al otro. Lo piden la solidaridad, la verdad de la vida y la propia justicia, ya que somos unos imagen de los otros.
Esto debe ser lo que pedimos y esperamos, cuando decimos: ¡ ¡Feliz Año Nuevo!!. Pues nosotros damos contenido a los años y somos los protagonistas de la Historia, por tanto vamos a construir entre todos la paz en toda la tierra; a ser solidarios con el que tiene, o puede menos que nosotros; comprensivos y tolerantes y hasta amables y abiertos con todos, que eso es lo que nos grita el Autor de la Vida.
Sin embargo, cada año tiene su personalidad, y viene a empaparse de nuestras vivencias, que son distintas en cada momento. La historia de cuanto vivimos, la imprimimos en nuestro interior, y nos acompaña eternamente. El año que termina, sólo se queda con una copia de esas vivencias, y son las que se lleva, como el viento las hojas de los árboles.
Por eso es importante aquello de "Año Nuevo vida nueva". Porque el año que llega a nuestra vida, tiene sus propias exigencias, y nos está llamando a una total e integral renovación.
Y no hace falta disponer grandes preparativos o proyectos: las obras más sencillas son las más bellas y meritorias. Sólo tener un corazón y una mente nueva, como el año que nace. Nuevos, los sentimientos de nuestro corazón y las ideas de nuestro pensamiento. Esto es lo único necesario: renovar los ojos del corazón. Porque si éstos son nuevos, todo será distinto. Nuestra vida tendrá nuevos aires, nuevo sol, nuevos caminos.
Así veremos mejor, lo bueno que existe en la vida de las personas que caminan con nosotros, y las podremos amar. Porque lo bueno es amable, y de aquí nace,como en el Año Nuevo, la necesidad de la acogida al otro. Lo piden la solidaridad, la verdad de la vida y la propia justicia, ya que somos unos imagen de los otros.
Esto debe ser lo que pedimos y esperamos, cuando decimos: ¡ ¡Feliz Año Nuevo!!. Pues nosotros damos contenido a los años y somos los protagonistas de la Historia, por tanto vamos a construir entre todos la paz en toda la tierra; a ser solidarios con el que tiene, o puede menos que nosotros; comprensivos y tolerantes y hasta amables y abiertos con todos, que eso es lo que nos grita el Autor de la Vida.
Apunte de Piedrahita
En el camino de la vida, nos encontramos con pueblos, villas o ciudades, que suelen dejar en nosotros, una visión, más o menos clara de su peculiar personalidad, y que, de algún modo, siempre nos enriquecen.
Cuando se está en Piedrahita, siempre llaman la atención los impresionantes macizos de Credos, cuyas estribaciones bajan hasta tocar las propias casas de la villa. Y estas montañas, se abren a derecha e izquierda, formando inmenso círculo, que deja en su interior un fértil y grandísimo valle, en el que discurre la vida de los piedrahitenses.
Está emplazada Piedrahita en un paso importante de Castilla a Extremadura, y desde un punto vial del núcleo urbano, se comunica con Avila, Salamanca y Barco de Avila.
Si te interesa la historia, tienes que interiorizar acontecimientos que han ocurrido allí, como la batalla del Monte de la Jura, en la que el rey Ordoño y su aliado Fernán González, batieron a las huestes agarenas, obligándolas a desplazarse a Extremadura, pacificando así las tierras castellanas.
La cultura nos mostrará que están allí huellas muy importantes de nuestro ilustre poeta José María Gabriel y galán. Pues no en vano, permaneció en Piedrahita, como maestro de primera enseñanza unos quince años, entregado a la docencia y a la composición de sus bellos poemas. Allí hizo buenos amigos, y por allí andan algunos poemas suyos, que él dedicó durante su estancia en la villa. Yo he tenido la ocasión de conocer el edificio, que fue la escuela, en que ejerció el poeta. Hoy es el Centro de Salud, y muestra en su fachada una lápida, que recuerda el paso del poeta por aquel lugar. Al lado, se encuentra la casa en que vivió, por cierto, con la techumbre derrumbada. Me enteré de que el Ayuntamiento, ya tiene el proyecto de restaurarla convenientemente e instalar allí un museo que recuerde al poeta de Frades de la Sierra.
Allí está el Palacio del Duque de Alba, que ha sido habilitado para un espléndido centro docente.
Se cuenta como dato anecdótico, supongo que histórico, que el cuadro de La Vendimia, lo pintó Goya en Piedrahita, con motivo de haber sido invitado por el Duque, a pasar unos días, como huésped suyo, en su Palacio de la Villa abulense.
Puede considerarse como rasgo de hospitalidad de Piedrahita, el que haya acogido una Residencia, de la tercera edad, cuyos residentes son, en su mayoría enfermos, procedentes de los lugares más dispares de nuestra geografía. Es un edificio que prestigia a la Villa por su estructura moderna, espléndida y confortable. Anticipándose a ella, hay un hermoso estanque con aguas de color dorado, que dan nombre a la Residencia; se llama " Estanque Dorado".
También podemos asegurar que los piedrahitenses son personas amantes de la ecología, ya que acogen en su medio urbano a una familia numerosa de cigüeñas, pues solamente el tejado de la Iglesia Parroquial sostiene a una docena de nidos de estas aves, otro se asienta en la torre del Convento de las Carmelitas, y dos más se pueden ver, uno en la cuna de un pino alto y otro sobre la cumbrera de un tejado de un edificio moderno. Por tanto, en primavera, visitarán Piedrahita un mínimo de treinta flamantes cigüeñas.
Me consta que Piedrahita es muy rica en historia y en arte, pero basta con lo que dejamos dicho para un apunte de esta villa serrana y abulense.
Cuando se está en Piedrahita, siempre llaman la atención los impresionantes macizos de Credos, cuyas estribaciones bajan hasta tocar las propias casas de la villa. Y estas montañas, se abren a derecha e izquierda, formando inmenso círculo, que deja en su interior un fértil y grandísimo valle, en el que discurre la vida de los piedrahitenses.
Está emplazada Piedrahita en un paso importante de Castilla a Extremadura, y desde un punto vial del núcleo urbano, se comunica con Avila, Salamanca y Barco de Avila.
Si te interesa la historia, tienes que interiorizar acontecimientos que han ocurrido allí, como la batalla del Monte de la Jura, en la que el rey Ordoño y su aliado Fernán González, batieron a las huestes agarenas, obligándolas a desplazarse a Extremadura, pacificando así las tierras castellanas.
La cultura nos mostrará que están allí huellas muy importantes de nuestro ilustre poeta José María Gabriel y galán. Pues no en vano, permaneció en Piedrahita, como maestro de primera enseñanza unos quince años, entregado a la docencia y a la composición de sus bellos poemas. Allí hizo buenos amigos, y por allí andan algunos poemas suyos, que él dedicó durante su estancia en la villa. Yo he tenido la ocasión de conocer el edificio, que fue la escuela, en que ejerció el poeta. Hoy es el Centro de Salud, y muestra en su fachada una lápida, que recuerda el paso del poeta por aquel lugar. Al lado, se encuentra la casa en que vivió, por cierto, con la techumbre derrumbada. Me enteré de que el Ayuntamiento, ya tiene el proyecto de restaurarla convenientemente e instalar allí un museo que recuerde al poeta de Frades de la Sierra.
Allí está el Palacio del Duque de Alba, que ha sido habilitado para un espléndido centro docente.
Se cuenta como dato anecdótico, supongo que histórico, que el cuadro de La Vendimia, lo pintó Goya en Piedrahita, con motivo de haber sido invitado por el Duque, a pasar unos días, como huésped suyo, en su Palacio de la Villa abulense.
Puede considerarse como rasgo de hospitalidad de Piedrahita, el que haya acogido una Residencia, de la tercera edad, cuyos residentes son, en su mayoría enfermos, procedentes de los lugares más dispares de nuestra geografía. Es un edificio que prestigia a la Villa por su estructura moderna, espléndida y confortable. Anticipándose a ella, hay un hermoso estanque con aguas de color dorado, que dan nombre a la Residencia; se llama " Estanque Dorado".
También podemos asegurar que los piedrahitenses son personas amantes de la ecología, ya que acogen en su medio urbano a una familia numerosa de cigüeñas, pues solamente el tejado de la Iglesia Parroquial sostiene a una docena de nidos de estas aves, otro se asienta en la torre del Convento de las Carmelitas, y dos más se pueden ver, uno en la cuna de un pino alto y otro sobre la cumbrera de un tejado de un edificio moderno. Por tanto, en primavera, visitarán Piedrahita un mínimo de treinta flamantes cigüeñas.
Me consta que Piedrahita es muy rica en historia y en arte, pero basta con lo que dejamos dicho para un apunte de esta villa serrana y abulense.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)